A JESÚS NIÑO
“¡Ah! ¿Cómo es posible que no ame y no invite a todos a amarlo el que considera con fe a un Dios hecho niño, llorando y gimiendo sobre la paja de una cueva, del mismo modo que San Francisco de Asís invitaba a todos a amarlo diciendo: Amemos al Niño de Belén? Es niño, no habla, sólo gime; pero, oh Dios mío, que aquellos gemidos son otras tantas voces de amor con que nos invita a amarlo y nos pide el corazón.” (San Alfonso de Ligorio)
“Por la tristeza de los tiempos no se recomienda jamás bastante la devoción hacia el Niño Jesús, del que sólo podemos esperarnos la verdadera paz, habiendo venido El a traerla desde el cielo”. (Pío XI.)
Novena de Navidad.
Indulgencia de diez años cada día. Plenaria al que asiste al ejercicio público de la novena a lo menos cinco días, confiesa comulga y reza según las intenciones del Sumo Pontífice.
OFRECIMIENTO EN HONOR DE LA SANTA INFANCIA DE JESÚS
Para la novena de Navidad y la anterior al 25 de cada mes
I.- Ofrenda. Eterno Padre, yo ofrezco para vuestro honor y gloria, y por mi salud y la de todo el mundo, el misterio del Nacimiento de nuestro Divino Redentor. Gloriapatri.
II.- Ofrenda. Eterno Padre, yo ofrezco para vuestro honor y gloria, y por mi salud eterna, los padecimientos de la Santísima Virgen y de San José en aquel largo y fatigoso viaje de Nazaret a Belén, y la angustia de su corazón por no encontrar lugar donde ponerse a cubierto, cuando estaba para nacer el Salvador del mundo. Gloriapatri.
III.- Ofrenda. Eterno Padre, yo ofrezco para vuestro honor y gloria, y por mi salud eterna los padecimientos de Jesús en el pesebre donde nació, la dura paja que le sirvió de cama, el frío que sufrió, los pañales que lo envolvieron, las lágrimas que derramó, y sus tiernos gemidos. Gloriapatri.
IV.- Ofrenda. Eterno Padre, yo ofrezco para vuestro honor y gloria, y por mi salud eterna, el dolor que sintió el divino Niño Jesús en su tierno cuerpecito cuando se sujetó a la Circuncisión; os ofrezco aquella sangre preciosa que entonces derramó por primera vez para la salvación de todo género humano. Gloriapatri.
V.- Ofrenda. Eterno Padre, yo ofrezco para vuestro honor y gloria, y por mi salud eterna, la humildad, la mortificación, la paciencia, la caridad, las virtudes todas del Niño Jesús, y os agradezco, amo y bendigo infinitamente por este inefable misterio de la Encarnación del Verbo divino. Gloriapalri.
V.- El Verbo se hizo carne.
R.- Y habitó entre nosotros.
Oremos. Oh Dios, cuyo Unigénito compareció entre nosotros en carne mortal; haced que merezcamos ser reformados en nuestro interior, por El, que en el exterior se dignó mostrarse semejante a nosotros. MI que vive y reina con Vos por los siglos de los siglos. Así sea.
(Indulgencia de siete años cada día; plenaria al terminar la novena, con las condiciones acostumbradas).
OBSEQUIO A JESÚS NIÑO
Amabilísimo Señor nuestro Jesucristo, que hecho niño por nosotros, quisisteis nacer en una gruta para librarnos de las tinieblas del pecado, para atraernos a Vos y encendernos con vuestro santo amor, os adoramos por nuestro Creador y Redentor, os reconocemos por nuestro Rey y Señor, y por tributo os ofrecemos todos los afectos de nuestro pobre corazón. Amado Jesús, Señor y Dios nuestro, dignaos aceptar esta ofrenda, y para que sea digna de vuestro agrado, perdonadnos nuestras culpas, iluminadnos, inflamadnos en aquel santo fuego que habéis venido a traer al mundo, para encenderlo en nuestros corazones. Llegue a ser de este modo nuestra alma un sacrificio perpetuo en vuestro honor; haced que ella siempre busque vuestra mayor gloria aquí en la tierra para que llegue un día a gozar vuestras infinitas bellezas en el cielo. Así sea.
(Indulgencia de tres años; plenaria al mes por su rezo diario, con las condiciones acostumbradas).
ORACIÓN AL NIÑO JESÚS
Os adoro, Verbo encarnado. Hijo verdadero de Dios desde toda la eternidad, e Hijo verdadero de María en la plenitud de los tiempos. Adorando vuestra divina persona y la humanidad que os está unida, me siento movido a venerar también vuestra pobre cuna, que os acogió siendo niño, y fue verdaderamente el primer trono de vuestro amor. Pueda yo postrarme delante de ella con la simplicidad de los pastores, con la fe de José, con la caridad de María. Pueda más bien inclinarme a venerar tan precioso monumento de nuestra salud con el espíritu de mortificación, de pobreza y de humildad, con el que Vos, siendo el Señor del cielo y de la tierra, lo elegisteis para receptáculo de vuestros miembros un pesebre. Y Vos, oh Señor, que niño todavía en esta cuna os dignasteis descansar, dignaos también derramar en mi corazón una gota de aquella alegría que debía producir la vista de vuestra amable infancia y de los prodigios que acompañaron vuestro nacimiento; en virtud de la cual os conjuro concedáis a todo el mundo con la buena voluntad, la paz, y deis, en nombre de todo el género humano, toda clase de gracias y de gloria al Padre y al Espíritu Santo que con Vos, único Dios, vive y reina en los siglos de los siglos. Así sea.
